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A pesar de lo que comúnmente se cree, el antepasado común entre los humanos y los primates de hoy, era un simio diferente a cualquiera de los existentes en la actualidad; de él, los seres humanos y los simios modernos evolucionaron en dos direcciones completamente diferentes.

Se estima que estos hominoides surgieron y se diversificaron durante el periodo conocido como Mioceno, entre unos 23 y 5 millones de años atrás. Debido a que los fósiles son tan escasos, los investigadores no han podido determinar con certeza cuál sería la apariencia física o dónde se originaron estos últimos antepasados ​​comunes de los seres humanos y los simios de hoy.

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Pero en una nueva investigación sugiere que el último antepasado común de simios y  humanos era mucho más pequeño de lo que se pensaba; de hecho sugieren que era del tamaño de un gibón. Los hallazgos, son fundamentales para comprender la evolución del árbol genealógico humano.

El paleoantrópologo Mark Grabowski, profesor en el Centro Senckenberg para la Evolución Humana y el Paleoambiente de la Universidad Eberhard Karls de Tübingen en Alemania, señala: “El tamaño del cuerpo afecta directamente la forma en que un animal se relaciona con su entorno, y ningún otro rasgo tiene una gama más amplia de implicaciones biológicas”.

Sin embargo, se sabe poco sobre el tamaño del último antepasado común de los seres humanos y de todos los simios vivos, esta omisión es sorprendente porque muchas hipótesis paleobiológicas dependen de las estimaciones del tamaño corporal existentes durante y previas a la raíz de nuestro linaje.

Para obtener una mejor idea de la evolución de la masa corporal en esta parte del árbol genealógico de los primates, los investigadores compararon los datos del tamaño corporal de los primates modernos, incluidos los humanos, considerando las estimaciones publicadas recientemente para los homínidos fósiles y una amplia muestra de primates fósiles incluyendo monos del Mioceno de África, Europa y Asia.

Como resultado de sus observaciones y análisis, encontraron que el antepasado común de los primates probablemente era pequeño, con un peso cercano a las 12 libras (5,4 kg). Estas estimaciones contradicen anteriores sugerencias que sugieren que nuestro antepasado tenía una semblanza similar a la de un chimpancé.

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La nueva investigación también revela que los australopithecus, un grupo de parientes humanos prematuros, en promedio eran más pequeños que sus antepasados, y que este tamaño más pequeño continuó presentándose hasta la llegada del Homo erectus.

Al respecto Grabowski comenta: “Al parecer en la progresión de nuestro linaje, hubo una etapa en que se presentó una disminución en el tamaño total del cuerpo, en vez de simplemente conservar el tamaño o incrementarlo con el tiempo; esta particularidad, va en contra del pensamiento generalizado que tenemos de la evolución”.

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