Desde que comenzó la indagación del sistema solar, una misión tripulada a Marte se considera como uno de los pasos más importantes para la exploración espacial humana. Alcanzar esa meta implica superar un extenso número desafíos, siendo uno de los principales, garantizar la protección de la tripulación contra enfermedades e infecciones, causadas por contaminantes biológicos nocivos.

Uno de los escenarios estudiados, estima que un viaje a Marte podría realizarse en 520 días, lo cual implica un periodo de confinamiento importante para la tripulación de ese hipotético traslado interplanetario. Hasta ahora, poco se sabe de la influencia que puede tener el aislamiento a largo plazo de los otros invitados al viaje: los microorganismos.

A fin de garantizar un ambiente seguro para los astronautas en misiones espaciales de larga duración, es importante conocer cómo las bacterias, se adaptan a las condiciones existentes a bordo de naves espaciales.

En tal sentido, un grupo de investigadores llevó a cabo un estudio integral de largo plazo que investigó la carga microbiana, la diversidad y la dinámica en un hábitat cerrado, durante 520 días, en una nave espacial simulada.

Con el fin de averiguar qué especies bacterianas pueden estar presentes dentro de la nave espacial, y cómo la composición de la microbiota puede cambiar durante la travesía, una tripulación de seis individuos vivió, durante ese periodo de tiempo, dentro de una nave espacial simulada preparada e instalada en Moscú.

Durante el experimento, los miembros de la tripulación permanecieron completamente confinados, nunca dejaron el hábitat cerrado. Simulando las condiciones durante una misión tripulada a Marte, siguieron una dieta y un horario estrictos, que incluyó la limpieza del hábitat y la realización de experimentos científicos. En la prueba se recogieron 360 muestras microbianas de 20 lugares y 18 momentos diferentes.

El equipo de investigadores de Alemania, Reino Unido y Austria, dirigidos por el Centro Aeroespacial Alemán, encontró que además de que la tripulación era la principal fuente de bacterias dentro del hábitat, como era previsible, el confinamiento parecía ser el desencadenante más fuerte de la comunidad bacteriana, la cual permaneció altamente dinámica con el tiempo.

Los autores notaron signaturas bacterianas específicas para cada área individual, o módulo, indicando que la presencia microbiana está asociada con la presencia humana, así como el tipo de actividad que se utiliza un área.

Las áreas comunes, las zonas de descanso, el gimnasio y el baño, registraron los números más altos y la mayor diversidad de bacterias, mientras que el menor número de bacterias se encontraba dentro del módulo médico.

Los investigadores también notaron que la diversidad microbiana disminuyó significativamente con el tiempo, lo que implica que había menos especies diferentes de bacterias presentes. Esto puede indicar desarrollos potencialmente problemáticos dentro de la comunidad microbiana durante el aislamiento de larga duración.

Los resultados del estudio sirven como una importante recolección de datos para realizar estimaciones de riesgos en vuelos espaciales tripulados, así como para hacer un diseño optimizado de una misión espacial y para la selección de enfoques de monitoreo microbiano apropiados y posibles contramedidas.