Desde tiempos ancestrales, la malaria ha sido una de las plagas más nefastas para los humanos. Sólo en 2015 se registraron alrededor de 212 millones de casos a nivel global, provocando la muerte de más de 400 mil afectados, la mayoría niños.

La malaria es propagada por los mosquitos femeninos Anopheles que muerden a una persona infectada y luego, después de que los parásitos causantes de la enfermedad se incuban dentro del intestino del insecto, transmiten la infección mordiendo a otra persona.

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En la actualidad, el uso de mosquiteros e insecticidas, son las estrategias más utilizadas para prevenir la enfermedad, y los medicamentos ayudan a tratar la infección o los síntomas que provoca la malaria; sin embargo, la enfermedad se ha vuelto cada vez más resistente a los fármacos.

Pero en los últimos años, ha aparecido una nueva herramienta especialmente prometedora: la modificación genética. Un grupo de Investigadores de la Universidad Johns Hopkins, realizó un estudio con el que muestran el potencial de la ingeniería genética para combatir la enfermedad.

Al igual que las personas, los insectos albergan una comunidad de bacterias intestinales en su mayoría benéficas para la salud, lo que se conoce como microbiota intestinal.

Los investigadores saben desde hace tiempo que algunos de esos gérmenes naturales de mosquitos son capaces de atacar a los parásitos de la malaria, lo cual ofrece la posibilidad de hacer que el mosquito sea resistente a la enfermedad, sin embargo, los científicos no han encontrado una manera segura de que los mosquitos transgénicos puedan aparearse con sus contrapartes salvajes, para que la modificación deseada se preserve y se extienda en la población silvestre.

Pero los especialistas descubrieron una extraña cepa de bacterias que los mosquitos pueden transmitirse fácilmente entre sí. La bacteria llamada Serratia AS1, vive en el intestino y los ovarios de los mosquitos. A diferencia de otros gérmenes, los machos transmiten esta cepa a las hembras durante el apareamiento, y las hembras pueden transferirla a su descendencia.

Este hallazgo ofrece una vía de trasmisión efectiva entre las comunidades de mosquitos, lo cual puede ser aprovechado para introducir genéticamente compuestos que supriman el crecimiento de los parásitos que trasmiten la enfermedad, sin perjudicar a los mosquitos.

Los investigadores modificaron genéticamente a un grupo de mosquitos Anopheles, que propagaron el parásito Plasmodium, causante de la malaria. Posteriormente enjauló en números similares a mosquitos modificados genéticamente con mosquitos salvajes, y supervisó su cría durante 10 generaciones.

El 90 % de los descendientes en cada generación adquirió el rasgo transgénico. Incluso al combinar 10 % de mosquitos transgénicos con 90 % de mosquitos salvajes, el rasgo de resistencia al Plasmodium, dominó después de unas pocas generaciones.

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El grupo también mostró que el cambio en la microbiota dio lugar a una preferencia de apareamiento entre los mosquitos modificados y los mosquitos salvajes. Los machos modificados mostraron preferencia por las hembras silvestres y los machos silvestres prefirieron las hembras modificadas genéticamente; estas preferencias contribuyeron a la propagación del rasgo protector deseado dentro de la población de mosquitos.

Los resultados del estudio muestran que los mosquitos pueden ser genéticamente modificados para competir con las poblaciones salvajes y propagar de manera efectiva la resistencia al parásito causante de la malaria.

Esta investigación representa un paso importante en la lucha contra le enfermedad y su implementación podría generar una disminución significativa de la transmisión de malaria a los seres humanos.

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