Las intrincadas características fisiológicas humanas, como el sistema inmunológico, requieren de tiempo y una refinada formación para desarrollarse adecuadamente. Los elementos genéticos deben ser activados en el momento justo, a través de grandes distancias del espacio genómico.

Las áreas promotoras, donde los genes empiezan a ser expresados, deben estar equiparadas con los grupos de “potenciadores”, donde las células maduran a una función específica. Pero ¿Cómo se unen? ¿Cómo funciona esto? Un grupo de biólogos de la Universidad de California en San Diego creen que tienen la respuesta.

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Llamándolo el “big bang” del desarrollo de células inmunes, los investigadores hicieron su descubrimiento dentro de tramos de ADN previamente pasados ​​por alto entre los genes. La investigación fue dirigida por Takeshi Isoda, en la División de Ciencias Biológicas de UC San Diego.

A través de estudios genómicos y experimentos genéticos en ratones, los científicos descubrieron que las áreas ignoradas, conocidas como ADN “no codificante”, activan un cambio en la estructura 3D del ADN que congrega promotores y potenciadores con una precisión impresionante.

Cornelis Murre, del Departamento de Biología Molecular de la UC y coautor del estudio, señala: “La naturaleza es tan inteligente; pensamos en el genoma como una hebra no estructurada, pero de hecho lo que estamos viendo es un diseño altamente estructurado y significativo. El proceso de remodelación de la arquitectura que hemos observado, permite que el potenciador y promotor se encuentren en el espacio 3D en el momento exacto; lo más admirable es que todo está cuidadosamente orquestado.”

Los autores del estudio creen que aunque los resultados estuvieron centrados en células T de ratones, este mismo mecanismo puede estar presente en todas las especies vegetales y animales.

Al respecto, Murre expresa: “Hemos visto un ejemplo, pero es probable que muchos otros ocurran al mismo tiempo, cuando las células se están moviendo a lo largo de la vía de desarrollo, lo cual es algo increíble”.

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Entender el desarrollo de las células T puede ayudarnos a entender cómo y por qué, el proceso falla, seguramente ilustrando formas de prevenir este fracaso y las enfermedades que resultan de ello.

Las implicaciones de estos resultados son, no sólo cómo se desarrollan las células T normales, sino que la supresión tumoral está regulada a través de este mecanismo, al menos en parte; en última instancia, el conocimiento obtenido con este estudio, provee herramientas que nos permite ser capaces de fijar las mutaciones asociadas con la enfermedad con estas cadenas olvidadas de ADN.

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