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En 1926, el afamado astrónomo Edwin Hubble desarrolló un esquema de clasificación morfológica para las galaxias; basándose en sus formas, este método las dividió en tres grupos básicos: elípticas, espirales y lenticulares.

Desde entonces, los astrónomos han dedicado mucho tiempo y esfuerzo para tratar de determinar cómo las galaxias han evolucionado a lo largo de miles de millones de años, para adjudicarse sus distintivas formas.

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Una de las teorías más ampliamente aceptadas es que las galaxias cambian por la fusión, donde las nubes más pequeñas de estrellas, unidas por la gravedad mutua, se atraen, alterando el tamaño y la forma de una galaxia en el transcurso del tiempo.

Sin embargo, un nuevo estudio de un equipo internacional de investigadores, ha revelado que las galaxias podrían asumir sus formas modernas, mediante la formación de nuevas estrellas en sus centros.

El equipo de investigadores, liderados por el astrónomo Ken-ichi Tadaki, investigador del  Instituto Max Planck de Física Extraterrestre y miembro del Observatorio Astronómico Nacional de Japón  (NAOJ), realizó una serie de observaciones de galaxias distantes, para obtener una mejor comprensión de la metamorfosis galáctica.

Esto implicó el uso de telescopios terrestres para estudiar 25 galaxias que estaban a una distancia de 11 mil millones de años luz de la Tierra. A esta distancia, el equipo estaba viendo cómo eran estas galaxias hace 11 billones de años, o aproximadamente 3 mil millones de años después del Big Bang.

Capturar la débil luz de estas galaxias lejanas no fue una tarea fácil de realizar, por lo que los investigadores requirieron del uso de tres telescopios terrestres para lograrlo. Comenzaron usando el Telescopio Subaru de NAOJ de 8.2 m, ubicado en Hawái, para seleccionar las 25 galaxias a ser estudiadas.

Luego se enfocaron en ellas con el Telescopio Espacial Hubble (HST) y el telescopio ALMA  (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) en Chile, para realizar las observaciones.

Mientras que el Hubble captó la luz de las estrellas para discernir la forma de las galaxias, la matriz de ALMA observó ondas submilimétricas emitidas por las frías nubes de polvo y gas, donde se forman nuevas estrellas.

Al combinar los dos resultados, los investigadores fueron capaces de completar un cuadro detallado de cómo se veían estas galaxias hace 11 mil millones de años, cuando sus formas todavía estaban evolucionando.

Lo que encontraron fue bastante revelador. Las imágenes del Hubble indicaron que las primeras galaxias estaban dominadas por un componente de disco, en oposición a la función de protuberancia central.

Las imágenes de ALMA mostraron que había depósitos masivos de gas y polvo cerca de los centros de estas galaxias, lo que coincidió con una tasa muy alta de formación estelar.

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El profesor Tadaki comenta: “Con este estudio, hemos obtenido pruebas firmes de que se pueden formar núcleos galácticos densos sin colisiones galácticas, y que también pueden estar formadas por una intensa formación estelar en el corazón de la galaxia”.

Estos hallazgos podrían llevar a los astrónomos a repensar sus teorías actuales sobre la evolución galáctica y cómo llegaron a adoptar su morfología. También podría conducir a un replanteamiento de nuestros modelos de la evolución cósmica, sin mencionar la historia de las propias galaxias.

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