La mayor parte de la ganadería en los países industrializados tiene lugar en grandes fincas cerradas; en los Estados Unidos, estas fincas son conocidas como Operaciones Concentradas de Alimentación Animal (CAFO, por sus siglas en inglés), las cuales llegan a albergar a cientos o miles de animales que de manera indirecta generan un impacto ambiental.

La mayoría de las emisiones atmosféricas que producen estas granjas provienen del estiércol. Mantener muchos animales juntos en un solo lugar, implica tener mucho estiércol, lo que deriva en mayores emisiones concentradas, con potencial para impactar el ambiente.

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A medida que se descompone, el estiércol produce muchas sustancias que están reguladas por las leyes, incluyendo amoníaco, sulfuro de hidrógeno, metano, óxido nitroso y compuestos orgánicos volátiles. Estos contaminantes tienen numerosos impactos perjudiciales.

Por ejemplo, tanto el amoníaco como el sulfuro de hidrógeno, pueden irritar los ojos, la nariz, la garganta y el tracto respiratorio. El amoníaco también contribuye a la acidificación de los suelos y arroyos, y la contaminación del aire. El metano y el óxido nitroso son potentes gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático.

La medición y comprensión de estas emisiones no es fácil, y se han realizado una gran cantidad de investigaciones y estudios de campo en las últimas dos décadas.

Los agricultores tienen varias opciones para mitigar las emisiones al aire. Pueden modificar las dietas de los animales para reducir o suprimir la generación de contaminantes atmosféricos del estiércol.

También hay varias técnicas para manipular, almacenar y tratar estiércol. Los dispositivos llamados digestores anaeróbicos, que captan el metano del estiércol para usarlo como una fuente de energía, pueden reducir los contaminantes del aire.

Otras plantas de tratamiento de estiércol en las granjas, han reducido el amoníaco en el estiércol de porcino hasta un 70 por ciento y los gases de efecto invernadero en un 98 por ciento. Otro enfoque es el uso de biofiltros para eliminar los contaminantes del aire antes de que se las emisiones sean ventiladas de las granjas.

Sin embargo, ninguno de estos sistemas ha sido completamente aplicado todavía. En resumen no parece que haya una solución milagrosa. La mayoría de las estrategias requerirán que los agricultores hagan grandes inversiones de capital, lo que puede suponer una presión adicional para las empresas que ya tienen un margen de productividad limitado.

Las personas que viven cerca de los CAFO tienen una mayor exposición y riesgos de salud, pudiendo experimentar episodios de irritación respiratoria, asma aguda o crónica, trastorno del estado de ánimo y supresión inmune. Los estudios han demostrado altas tasas de asma en los niños que asisten a las escuelas cerca de las grandes granjas de cerdos.

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El 11 de abril de 2017, el Tribunal de Apelaciones de los Estados Unidos para el Circuito de DC, anuló una norma de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) de 2008 que eximía a las granjas de ganado de reportar los desechos peligrosos. La EPA puede apelar al Tribunal Supremo, pero si no lo hace, los CAFO tendrán que reportar las emisiones de sustancias como el sulfuro de hidrógeno y el amoníaco a partir de este año.

Exigir que las CAFO informen sus lecturas de emisiones de agentes contaminantes in situ, ayudaría a validar el monitoreo y proporcionar más datos específicos; además, capacitaría a los residentes proporcionando datos para apoyar posibles demandas, incluyendo casos de violación y molestias; y finalmente, obligaría a esta industria a reconocer que es una industria, no un negocio de agricultura familiar, y debe usar tecnologías de control, similares a otras industrias emisoras de contaminación.

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