La capacidad que muestran las aves de viajar largas distancias, ha sido un tema de debate y controversia entre los científicos durante décadas. Pero ahora, investigadores de las universidades de Oxford, Barcelona y Pisa, han demostrado en un nuevo experimento que el olfato es un factor clave en la navegación oceánica de larga distancia, eliminando las dudas anteriores acerca de esta hipótesis.

La navegación oceánica es probablemente el desafío más extremo que pueden tener las aves, dadas las largas distancias cubiertas, el entorno cambiante y la falta de puntos de referencia estables.

Los experimentos anteriores se han centrado en el desplazamiento físico de las aves, combinados con alguna forma de manipulación sensorial, como la privación magnética u olfativa.

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La evidencia de estos experimentos ha sugerido que la eliminación del sentido del olfato de un ave perjudica su localización, mientras que la interrupción del sentido magnético ha dado resultados no concluyentes.

Sin embargo, los críticos han cuestionado si las aves se comportarían de la misma manera si no hubiesen sido desplazadas artificialmente; del mismo modo argumentan que la privación sensorial, en lugar de afectar la capacidad de un pájaro para navegar, puede de hecho perjudicar una función relacionada, como su motivación para regresar a casa o su capacidad de forraje.

Oliver Padget, coautor del estudio y profesor en el Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford, expresa: “Nuestro nuevo estudio elimina estas objeciones, lo que significa que será muy difícil argumentar que el olfato no está involucrado en la navegación oceánica de larga distancia que realizan las aves”.

En este nuevo experimento, los investigadores siguieron de cerca los movimientos y el comportamiento de 32 cazoletas de Scopoli de la costa de Menorca. Las aves se dividieron en tres grupos: uno conformado por aves con anosmia (incapaces de oler) temporal inducida   por irrigación nasal con sulfato de zinc; otro grupo al que se le adaptaron pequeños imanes, y un grupo de control.

A las aves  les fueron adjuntados diminutos dispositivos GPS, pero en lugar de ser desplazadas, fueron rastreados vía GPS mientras se dedicaban a realizar sus viajes de forrajeo.

Todas las aves salieron en viajes de forrajeo normalmente, ganaron peso y volvieron a intercambiar períodos de incubación con sus parejas. Por lo tanto, eliminar el sentido del olfato de un ave, no parece afectar ni su motivación para volver a casa, ni su capacidad de forrajear eficazmente.

Sin embargo, aunque los pájaros anósmicos hicieron viajes exitosos a la costa catalana y otros lugares de forraje lejanos, mostraron comportamiento de orientación significativamente diferente durante la etapa en que sobrevolaban el mar en sus viajes de regreso.

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En lugar de estar bien orientadas, se embarcaron en vuelos curiosamente rectos pero mal orientados a través del océano, como si siguieran una brújula alejándose de los terrenos de búsqueda, sin poder actualizar su posición.

Sin embargo, su orientación mejoró cuando se acercaban a la costa, lo que sugiere que las aves deben consultar un mapa olfativo cuando la tierra no está a la vista, pero posteriormente son capaces de encontrar el hogar, utilizando las características del paisaje familiar.

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