Proporcionar alimentos al cuerpo es esencial para la supervivencia. Pero incluso cuando estamos llenos, todavía podemos tener placer en comer. Investigadores del Instituto Max Planck en Martinsried y el Instituto Friedrich Miescher en Basilea, han identificado un tipo de neurona en la amígdala del cerebro del ratón, que está involucrado en hacer que comer sea gratificante.

La amígdala en el cerebro desempeña un papel clave en las respuestas emocionales, la toma de decisiones y la asociación de eventos con emociones como el miedo o el placer. En los últimos años, se ha hecho evidente que esta región del cerebro también juega un papel en el comportamiento alimenticio.

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Investigadores del Instituto de Tecnología de California han demostrado previamente que la activación de cierto tipo de neuronas en la amígdala, conocidas como neuronas PKC-delta, hace que los ratones, dejen de comer.

La Dra. Amelia Douglass, coautora del estudio, señala: “Básicamente mostramos que las células HTR2a tienen un efecto positivo en el consumo de alimentos en ratones, y que les gusta cuando estas células están activas”.

En un primer experimento, los especialistas demostraron que la activación artificial de células HTR2a de amígdala, causó que los ratones comieran por más tiempo. Este efecto fue particularmente pronunciado cuando los ratones ya estaban llenos.

En otro experimento, los ratones fueron capaces de activar las propias células HTR2a con una fibra óptica presionando un interruptor con su hocico. Al respecto el Dr. Hakan Kucukdereli, coautor del estudio, comenta: “Estaba claro que a los ratones les gustaba tener células HTR2a activas.”

El equipo fue capaz de demostrar que la actividad celular HTR2a aumenta sólo una vez que los ratones comienzan a comer, y no cuando los ratones se presentan señales de que están a punto de ser alimentados.

Los resultados sugieren que las células HTR2a estimulan el consumo de alimentos ejerciendo un efecto positivo sobre factores como el sabor. La importancia de las células HTR2a en la modulación de las propiedades gratificantes de los alimentos, se ilustra mediante un experimento adicional. Simplemente mediante la activación de las células HTR2a, los investigadores fueron capaces de que los ratones prefirieran un sabor específico, que inicialmente fue menos favorecido.

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Las observaciones brindan un buen punto de partida para investigar los vínculos entre el consumo de alimentos, los estados emocionales y el sistema de recompensa. Los investigadores también plantean la hipótesis de que alteraciones en estos circuitos de la amígdala, podrían originar comportamientos extremos al comer.

Además, señalan que existe la probabilidad de que existan células y circuitos similares en el cerebro humano, y esto también podría ser un campo de investigación interesante para ayudar a las personas con trastornos de la alimentación.