Con frecuencia se define a la felicidad como un estado de bienestar y satisfacción. Muy probablemente sea la sensación humana más anhelada, pero ¿cómo se puede alcanzar este estado de bienestar? Una respuesta es aumentar el placer y disminuir el dolor. De hecho, algunos psicólogos argumentan que la felicidad implica maximizar las emociones agradables y minimizar las desagradables.

Este enfoque ha dominado el campo del bienestar subjetivo en los últimos 30 años. Sin embargo, en un reciente estudio se explora otra posible respuesta basada en un enfoque aristotélico, el cual sugiere que la felicidad implica sentir las emociones correctas, lo que no necesariamente excluye las emociones desagradables.

Tradicionalmente, la gente asume que la clave de la felicidad es experimentar emociones positivas, como placer o alegría, pero una nueva investigación realizada por científicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén, sugiere que puede ser igual de importante experimentar emociones negativas.

La Dra. Maya Tamir, líder de la investigación señala: “La felicidad es algo más que simplemente sentir placer y evitar el dolor; consiste en tener experiencias que sean significativas y valiosas, incluidas todas las emociones ya que éstas pueden ser positivas en algunos contextos y negativas en otros, independientemente de si son agradables o desagradables”.

El estudio que incluyó la participación 2.324 estudiantes universitarios de ocho países diferentes, fue el primero en encontrar una relación entre la felicidad y el deseo de experimentar emociones, incluso cuando esas emociones son consideradas negativas.

A los participantes se les preguntó qué emociones deseaban, qué emociones realmente sentían, si estaban satisfechos con su vida y si experimentaban síntomas depresivos.

En general y como era previsible, se encontró que la gente quería más emociones agradables y menos malas; sin embargo, este no fue siempre el caso; un 11 por ciento de los participantes quería sentir menos emociones como el amor y la empatía, y el 10 por ciento no estaba en desacuerdo con experimentar sensaciones como la ira y el odio.

El estudio también encontró que las personas que experimentaron las emociones que deseaban, sin importar que fueran positivas o no, estaban más satisfechos con la vida y tenían menos síntomas depresivos.bTales hallazgos podrían ayudar a las personas a reconsiderar si su comportamiento realmente los hace feliz.

Comenta la Dra. Tamir: “En las culturas occidentales, la gente quiere sentirse muy bien todo el tiempo; incluso si se sienten bien la mayoría del tiempo, piensan que deberían sentirse mejor, lo que en general crea un efecto contraproducente, haciéndoles menos felices”.

Los autores advirtieron que se requiere de más investigación para comprobar si experimentar las emociones deseadas genera felicidad o si simplemente se les asocia con ella.