Una nueva investigación realizada en la Universidad de Calgary, ha encontrado que las mujeres que experimentan momentos emocionalmente difíciles durante su infancia, son más propensas a presentar problemas físicos durante el embarazo y complicaciones emocionales después del parto, además de transferir resultados adversos para la salud física y emocional de sus bebés.

La coautora del estudio, Dra. Sherri Madigan, investigadora de psicología de la Universidad de Calgary y del Instituto de Investigación del hospital de Niños de Alberta, señala: “Las madres que sufrieron cuatro o más adversidades cuando eran niñas, son más propensas a tener problemas prenatales como diabetes gestacional e hipertensión, además de presentar más dificultades luego del alumbramiento, incluyendo depresión postparto y conflictos de pareja”.

El estudio incluyó como experiencias adversas en la infancia: el divorcio, la pérdida de padre, madre o ambos, tener un padre o madre con enfermedad mental o con problemas de alcohol o drogas, ser testigo de conflictos entre los padres y sufrir de abuso físico, emocional o sexual.

Los autores señalan que las niñas que recibieron apoyo en esos momentos difíciles, no parecían experimentar los mismos problemas más adelante; también puntualizan que las mujeres que buscaron ayuda para tratar los traumas de la infancia en la edad adulta, también redujeron su riesgo de experimentar problemas de embarazo y dificultades postparto.

Los resultados obtenidos en esta investigación demuestran que experimentar una infancia dura, puede iniciar una cascada de riesgos que terminan transfiriéndose de una generación a la siguiente, afectando la salud y el desarrollo de su bebé.

En el estudio participaron 501 madres y sus hijos, incorporados poco después del nacimiento. Las madres reportaron retrospectivamente sus experiencias adversas en la infancia y se les realizó un seguimiento a ambos durante 18 meses. Los principales aspectos computados fueron los problemas de salud física y emocional de los niños, referidos por sus padres, así como las condiciones biomédicas de la madre.

Los posibles mecanismos de transmisión intergeneracional incluyeron el riesgo acumulativo biomédica, por ejemplo, la atención prenatal y las complicaciones perinatales, y el riesgo psicosocial posnatal, como la depresión materna, la monoparentalidad y los conflictos de pareja.

La acumulación de cuatro o más experiencias adversas durante la infancia, estuvieron relacionadas con un aumento del riesgo de experimentar algún trastorno biomédico o psicosocial. Hubo una asociación lineal entre el número de experiencias adversas en la infancia y alcance del riesgo biomédico y psicosocial.

Los autores señalan que el estudio es importante para entender mejor los factores que enlazan los traumas de la infancia de las madres, a los resultados prenatales y postnatales problemáticos, porque este conocimiento puede ayudar en la búsqueda de intervenciones oportunas, que efectivamente puedan romper el ciclo de riesgos en cascada.