En una situación regular, la inyección de burbujas en el torrente sanguíneo suele ser causa de una emergencia médica; pero un grupo de investigadores de la Universidad de Oxford, enfocados en mejorar en optimizar la lucha contra el cáncer, han desarrollado un innovador método para administrar fármacos de forma más precisa, encapsulando el medicamento en microburbujas.

En la actualidad, existe una gran necesidad de mejorar la forma en que se administran los fármacos, tanto para mejorar la eficacia del tratamiento, como para reducir el riesgo de efectos secundarios. Un ejemplo claro se encuentra en la quimioterapia, en la que el medicamento contra el cáncer, se difunde a través del torrente sanguíneo, exponiendo cada célula del cuerpo del paciente a un agente muy tóxico; esto es lo que provoca los indeseables y conocidos efectos secundarios asociados con el tratamiento, tales como la pérdida de cabello, náuseas, entre otros.

La coautora de la investigación, Elinor Stride, Ph.D., profesora en el Instituto de Ingeniería Biomédica de Oxford, explica: “En la quimioterapia convencional, incluso usando nanopartículas, menos del 1 % de la dosis total inyectada llega al tumor.”

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Los investigadores han demostrado que con el uso de microburbujas, se facilita la administración del medicamento y se incrementa su eficiencia al permitir una absorción más profunda del fármaco en el tumor.

Mediante el uso de microburbujas, campos magnéticos y ultrasonido, los especialistas pueden controlar cuándo y dónde se libera un fármaco, y muy importante, también su distribución a lo largo de un tumor.

Las microburbujas tienen un diámetro que oscila entre 1 y 2 micrómetros y están recubiertas con materiales biológicamente compatibles, lo cual les impide fusionarse y potencialmente provocar hemorragias.

La manera en que se integra el fármaco dentro de la microburbuja, depende en gran medida de la naturaleza de la droga y del material que compone la burbuja; en el estudio realizado, los investigadores incorporaron el medicamento a la microburbuja, a través de un enlace químico.

Para administrar el fármaco al tumor, los científicos utilizan campos magnéticos especialmente desarrollados para dirigir las burbujas hacia una zona y una profundidad específica. Una vez que las microburbujas se encuentran en la ubicación y en la concentración apropiada, se aplica ultrasonido para activar las burbujas y liberar el fármaco.

Señala Stride: “Este es un enfoque que permite incrementar la eficiencia en la administración del medicamento y reduce de manera dramática, el riesgo de experimentar efectos secundarios.”

Los investigadores ya han puesto a prueba el método en órganos humanos y actualmente se está aplicando para tratar cáncer de páncreas, con resultados muy positivos.

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Una de las razones de por qué los tumores muy agresivos son difíciles de tratar, es que las regiones del tumor quedan privadas de oxígeno y esto hace a las células cancerosas resistentes al tratamiento por drogas, radiación e inmunoterapia; con este método, los científicos cargan las microburbujas con oxígeno, de modo que no sólo logran mejorar la administración de la droga, sino también su capacidad para destruir a las células cancerosas.

El objetivo de los investigadores es hacer que su técnica de microburbujas se encuentre a disposición de los médicos dentro de los próximos dos años; además, ya se están preparando para iniciar los primeros ensayos clínicos para utilizar el mismo enfoque en la administración de antibióticos.

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