Su éxito evolutivo es incuestionable, su presencia en todos los continentes es prueba de ello. Por milenios, el gato ha sido importante para las sociedades humanas, actuando como un agente de control de plagas, objeto de valor simbólico y animales de compañía; sin embargo, poco se sabe acerca de su proceso de domesticación.

Pero un nuevo estudio del ADN de los huesos y los dientes de más de 200 gatos antiguos, revela importante información referente a cuándo y cómo los gatos salvajes, solitarios, introvertidos y de muy mal genio, comenzaron a transitar un camino que los llevó desde los límites de la civilización, hasta conquistar nuestros hogares y aprecio.

A partir del análisis de este material genético, el equipo internacional de investigadores encontró que la dispersión de los gatos ocurrió en dos oleadas: primero desde el período Creciente Fértil y más tarde desde el antiguo Egipto, y su migración probablemente estuvo marcada por viajes en barcos vikingos.

La coautora del estudio, Eva-Maria Geigl, genetista evolutivo en el Instituto Jacques Monod en París, expresó que para conocer la verdad, se tuvo que volver a los restos antiguos y examinarlos.

El equipo analizó el ADN mitocondrial, que se transmite a través de la madre y se conserva mejor, a partir de restos de gatos que abarcan 9.000 años, y que fueron ubicados en toda Europa, África y Oriente Medio.

Los autores señalan que un linaje tenía sus raíces en el período llamado Creciente Fértil, cuando surgió la actividad agrícola, hace más de 10.000 años. Los pobladores de esa época probablemente se dieron cuenta de que algunos gatos salvajes locales eran útiles, dando inicio a una relación en la que ambas partes se beneficiaban: los humanos estaban complacidos porque había menos roedores y los gatos porque tenían comida.

No mucho tiempo después de que los primeros agricultores emigraron a Europa, hace unos 7.000 años, los gatos empezaron a aparecer en sitios más hacia el oeste, lo que sugiere que los gatos fueron trasladados, formando parte de las migraciones.

Sin embargo, el estudio encontró que era un linaje egipcio de gatos el que realmente se hizo cargo de establecerse con marcado predominio en la mayor parte de África y Europa, varios miles de años más tarde, aproximadamente a partir del año 1700 aC, pero mostrando una fuerte aceleración de su presencia en los siglos 5 al 13.

La domesticación del gato, tal como la conocemos en la actualidad, con algún tipo de crianza selectiva, no se inició sino hasta la Edad Media, lo que proporciona una prueba más de que disciplinar y educar al gato no fue de ninguna manera un proceso rápido.

Wim Van Neer, profesor del Departamento de Biodiversidad y Genómica Evolutiva de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica y coautor del estudio, mantiene la esperanza de descubrir si los egipcios domesticaron gatos independientemente, y ya ha comenzado a viajar a los museos, buscando colecciones de momias de gatos antiguos, para realizar análisis del ADN y obtener datos que puedan esclarecer la historia que falta por revelar del más misterioso amigo del hombre.