Es poco probable que en algún contexto se considere a la seda como un sustituto del acero; sin embargo, un investigador de la Universidad de Swinburne en Melbourne, Australia, propone que pronto se podrá sustituir el uso de piezas de acero, como tratamiento para unir huesos fracturados, e implementar la suave seda como un componente para remediar estos traumatismos.

Cuando una persona sufre una fractura de hueso, el tratamiento convencional demanda la inserción de tornillos y barras de acero para ayudar a unir las secciones rotas y permitir que la fractura se cure; pero debido a que estos dispositivos metálicos son rígidos e inflexibles, pueden tener inconvenientes, llegando a causar estrés en el hueso, representar un mayor riesgo de infección de las heridas, entorpecer la formación de nuevas células óseas, además de que su extracción implica una cirugía adicional.

El profesor Alan Lau, PhD, especialista de bio-materiales compuestos, materiales compuestos inteligentes y nanocompuestos, opina que estos inconvenientes que se presentan del uso del acero, son un problema real y que es necesario encontrar un reemplazo para la aleación metálica.

Por más de una década, los investigadores han estudiado un polímero biodegradable llamado PLA para ser incorporado en implantes médicos. Si el PLA pudiera mantener unidos a huesos fracturados y luego, con el tiempo ser reabsorbido suavemente por el cuerpo, las células óseas podrían entrar en la fractura, curar el hueso y eliminar la necesidad de una cirugía adicional. Pero hasta ahora, el PLA ha demostrado ser demasiado débil para reforzar los huesos.

El profesor Lau encontró parte de la solución cuando estalló la epidemia de gripe aviar en su nativa Hong Kong y más de un millón de pollos tuvieron que ser sacrificados para detener la propagación de la enfermedad. Se preguntó por qué no se les daba un uso a las plumas de pollo, y surgió la idea de mezclar fibras animales con otros materiales, lo cual fue la génesis de su avance; pero las fibras de plumas eran difíciles de purificar. Sin embargo, el equipo de Lau encontró una alternativa que era más fácil de trabajar: la seda.

Lau y sus colaboradores combinaron fibras de seda de capullo con PLA y encontraron que el polímero se hizo significativamente más duro. Con la adición de alrededor de seis por ciento de fibra de seda, hizo que el polímero biodegradable fuera tan fuerte como el hueso.

Los científicos también encontraron que las células pueden crecer alrededor del material ya que se degrada, mostrando su potencial de uso en pacientes. El profesor Lau expresa: “En esta etapa tenemos un gran logro, pero todavía hay un largo camino por recorrer”.

Los investigadores se encuentran perfeccionando el diseño adecuado, especulando que el material podría ser adaptado en pacientes, mediante el escaneo de su fractura y una impresión 3-D, que le ofrezca al material una forma que encaje a la perfección; simultáneamente ya los científicos se están preparando para llevar a cabo los primeros ensayos en animales.

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