La epidemia de la obesidad es un importante problema de salud mundial. Una mejor comprensión de los mecanismos que regulan el apetito y el peso corporal, proporcionará el fundamento para el diseño de nuevas terapias anti-obesidad. Las hormonas tiroideas juegan un papel clave en la homeostasis metabólica, a través de su interacción con receptores de las hormonas tiroideas (TR), las cuales están distribuidas ampliamente por todo el cuerpo e interactúan para regular las funciones corporales tales como el apetito, la temperatura corporal y los niveles de colesterol.

Cualquier fármaco dirigido a regular estas hormonas tiroideas y sus receptores, necesita ser sumamente específico, a fin de evitar efectos indeseados a otros sistemas del cuerpo, pero  su administración de forma individual es difícil. Sin embargo, investigadores del Colegio Imperial de Londres, han encontrado una forma potencial para tratar específicamente las hormonas tiroideas (TR) localizadas sólo en el hipotálamo, el área del cerebro que regula el apetito.

Los autores expresan que los hallazgos obtenidos del estudio realizado, podrían conducir al desarrollo de un nuevo tipo de fármaco contra la obesidad en el futuro.

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El autor principal de la investigación, Dr. James Gardiner, del Departamento de Medicina del Imperial, manifestó: “Nuestra esperanza es que estos hallazgos puedan en última instancia, conducir al desarrollo de fármacos que se dirijan a las hormonas tiroideas, como una manera para reducir el apetito de una persona y ayudar a controlar su peso.”

En el pasado, los investigadores no habían sido capaces de dirigirse a estas hormonas sin generar efectos secundarios; pero en este estudio, los científicos han podido ser muy específicos sobre cuales hormonas actuar, lo que debería disminuir en gran medida, la aparición de potenciales efectos secundarios.

Los autores del estudio seleccionaron 21 ratones, que pesaban aproximadamente 20 g cada uno y los dividieron en dos. A un grupo se les inyectó un virus genéticamente adaptado a desactivar las TR cerebrales; al segundo grupo no se les inoculó el virus. Seguidamente se dejó que ambos comieran tanto como quisieran. Posteriormente, los investigadores examinaron los cerebros de los ratones para confirmar la presencia del virus y verificaron que de hecho había inactivado los receptores TR.

Los investigadores encontraron que el grupo de ratones con las TR activas comió mucho más alimentos y en promedio duplicaron peso, en un lapso de seis semanas, mientras que los ratones a los que se desactivó las TR, mantuvieron un peso corporal estable.

Estos resultados evidencian que si la orientación del fármaco apunta al receptor correcto en el cerebro, se puede alterar el apetito sin causar otros efectos secundarios. Potencialmente, este mismo enfoque podría aplicarse a los seres humanos en el futuro, donde un fármaco pudiera disminuir el apetito de una persona, sin causar efectos en otras partes del cuerpo.

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Dr. Gardiner señaló: “Si nuestros resultados pueden ser aplicados en seres humanos, entonces podemos tener un nuevo objetivo para la medicación de la obesidad.”

Sin embargo, los autores advirtieron que aunque las evidencias son prometedoras, esta investigación se encuentra en una etapa temprana de desarrollo y los resultados deben tomarse con cautela.

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