Las enfermedades del corazón siguen siendo la causa principal de muerte en todo el mundo; lamentablemente, los pocos tratamientos disponibles no tienen mucho éxito, una vez que el tejido cardíaco ha sufrido daños. El corazón de los mamíferos es realmente capaz de regenerar y reparar el daño por sí mismo, pero se cuenta con esta facultad regenerativa, sólo hasta el momento del nacimiento, después de esto, la capacidad desaparece aparentemente para siempre.

Una investigación realizada en el Instituto de Ciencia Weizmann en Israel, ha descubierto una molécula en los corazones de ratones recién nacidos, que parece controlar el proceso de renovación cardíaca. Cuando los científicos le inyectaron en ratones adultos con corazones lesionados por ataques, esta molécula, llamada Agrina, parece “desbloquear” el proceso de renovación y permitir la reparación del músculo del corazón. Estos resultados, ya se están apuntando a nuevas direcciones para la investigación sobre la restauración de la función de los corazones dañados.

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El profesor del Departamento de Biología Celular Molecular, Eldad Tzahor, quien dirigió el estudio, explica: “Después que un corazón humano sufre un ataque, el proceso de curación es largo e ineficiente. Una vez dañado, las células musculares llamadas cardiomiocitos, son reemplazadas por tejido cicatrizal, el cual es incapaz de contraerse, por lo tanto, no puede participar en la función de bombeo, provocando una mayor tensión en el músculo restante e induciendo una eventual insuficiencia cardíaca.”

Existen algunos vertebrados que cuentan con la facultad de regeneración del corazón en la edad adulta, por el ejemplo, los pescados, los que pueden restaurar de manera eficiente los corazones dañados. Un pariente más cercano en el árbol evolutivo, los ratones, nacen con esta capacidad regenerativa, pero la pierden después de una semana de vida.

Esos pocos días, le abrieron una ventana de tiempo, al equipo de científicos para explorar las señales que promueven la regeneración del corazón.

Los investigadores concibieron que parte del secreto renovador, yace en las mismas células cardíacas, en el tejido de soporte conocido como la matriz extracelular, o ECM. Así que el equipo comenzó a experimentar con ECM de ratones recién nacidos, limpiando las células, hasta que sólo quedó el material circundante; luego observaron la reacción cuando al cultivo se añadieron células cardiacas. Los investigadores encontraron que el ECM provocó la proliferación de cardiomiocitos.

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A continuación, los investigadores probaron la proteína Agrina en modelos de ratón de lesión cardíaca, indagando si se podía revertir el daño. De hecho, encontraron que después de una sola inyección de Agrina, los corazones de ratón mostraron una regeneración casi completa y presentaron funcionalidad integral; al final del período de recuperación, el tejido cicatrizal se redujo drásticamente y fue sustituido por tejido vivo de corazón.

Entre otras cosas, los resultados de este estudio han puesto de relieve el papel de la proteína Agrina, ubicada en la ECM, en la promoción de la regeneración cardíaca, aportando un conocimiento que puede ayudar en el diseño de una mayor investigación biomédica, que conduzca a nuevas formas de tratamiento para los pacientes que sufren ataques cardíacos.

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