La conducta agresiva está ampliamente presente en todo el reino animal y es crucial para asegurar la supervivencia y la reproducción. Las acciones agresivas se utilizan para adquirir y asegurar territorio, alimentos o parejas, y en defensa de su integridad física o de su progenie, frente a depredadores o rivales de la misma especie. Ahora, en un estudio realizado en la Universidad de Oxford, los investigadores revelan una inexplorada causa de agresividad femenina que está directamente relacionada con la actividad sexual.

La investigación realizada en la mosca de fruta (Drosophila melanogaster), propuso que la agresión fue potencialmente estimulada por dos factores, ya sea indirectamente como resultado de la producción de huevos, o directamente al entrar en contacto con los componentes contenidos en la eyaculación del macho.

En estudios anteriormente realizados, se ha mostrado una asociación entre el aumento de los niveles de agresión en las hembras y la reproducción, identificando como la motivación principal para este comportamiento, a la protección y la disponibilidad de la descendencia. Sin embargo, los factores en juego en el proceso reproductivo que desencadenan estos cambios tan dramáticos de comportamiento, hasta ahora no han sido claramente entendidos.

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Un equipo de investigadores dirigidos por la Dra. Eleanor Bath y el Dr. Stuart Wigby, del Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford, examinó cientos de ejemplares de moscas de la fruta, para evaluar el impacto que tiene el apareamiento en el comportamiento de la hembra, y en qué medida se alteran sus niveles de agresión.

Los investigadores colocaron pares de moscas de la fruta en cámaras de observación. Seguidamente registraron las interacciones entre dos hembras vírgenes, dos hembras apareadas y una hembra virgen con una apareada.  Luego de las observaciones realizadas, encontraron que los insectos mostraron un comportamiento más agresivo (cabezazos y empujones) cuando al menos una de ellas había tenido relaciones sexuales.

Los científicos fueron capaces de demostrar que los niveles de agresión se dispararon después de la actividad sexual, cuando una variedad de proteínas, que fluyen libremente en el semen, estimularon los cambios fisiológicos y de comportamiento dramáticos en las hembras.

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Los resultados mostraron que el apareamiento estimula fuertemente el comportamiento agresivo en las moscas de la fruta. Las hembras apareadas pelearon más del doble de lo que lo hicieron la hembras vírgenes y el incremento de esta agresión post sexual, se debió a la recepción de un péptido sexual contenido en la esperma eyaculada por el macho.

La Dra. Bath manifestó: “Aunque esta investigación se llevó a cabo en moscas de la fruta, los resultados podrían, aplicarse a las respuestas mostradas en muchos animales donde el esperma y el semen se libera dentro del cuerpo de la hembra durante el acto sexual, incluyendo a los humanos.”