Sin duda que es todo un desafío tratar de conocer qué está provocando el llanto de un bebé; el dolor en los lactantes es poco comprendido y con frecuencia no recibe el tratamiento adecuado, lo que representa un problema clínico importante. En parte, esto se debe a nuestra incapacidad para medir objetivamente el dolor en las poblaciones no verbales. En un esfuerzo por revertir esa situación, un equipo de científicos de la Universidad de Oxford, realizaron un trabajo investigativo basado en la medición de la actividad cerebral y pudieron determinar cuándo un bebé está sintiendo dolor.

Los médicos se basan en una combinación de señales fisiológicas como aumentos en la frecuencia cardíaca, disminución de la saturación de oxígeno en la sangre, y pistas como el llanto, movimientos y expresiones faciales retorcidas para determinar si un bebé está sufriendo. Pero estas señales no son específicas y pueden inducir a una conjetura errónea.

Rebeccah Slater, coautora del estudio, aclara: “Comportamientos similares se producen cuando los niños no sienten dolor, por ejemplo, si tienen hambre, necesitan un cambio de pañal o simplemente quieren un abrazo. Al basarse en la actividad cerebral, el nuevo método promete ofrecer una medida más objetiva.”

Para determinar cómo el dolor se ve en los cerebros de los bebés, Hartley y colegas colocaron sensores eléctricos en el cuero cabelludo de los bebés e hicieron una serie de estudios utilizando electroencefalogramas (EEG) con los que registraron la actividad eléctrica en el cerebro.

Los investigadores monitorearon la actividad cerebral de 72 bebés recién nacidos, mientras recibían procedimientos de rutina y médicamente necesarios, pero que son experiencias que suponen sentir dolor, como una prueba del talón. Luego, los datos recopilados fueron comparados con los obtenidos en bebés que recibieron la misma lectura de actividad cerebral, pero sin el estímulo que supone la sensación de dolor.

Una vez realizados los análisis correspondientes, los científicos fueron capaces de encontrar un patrón definido de dolor en los datos del grupo. También analizaron las exploraciones de los bebés que recibieron un gel analgésico adormecedor antes de realizar la prueba de sangre, y encontraron que el gel redujo la estampa de dolor en el cerebro.

Alrededor del 39 por ciento de los bebés no lloraron o mostraron alguna expresión de dolor cuando se les realizo la extracción de sangre, pero sus cerebros mostraron que de hecho sintieron dolor.

Ruth Grunau, del Departamento de Neonatología de la Universidad de British Columbia, expresa: “Este trabajo es muy importante para comenzar la cuantificación de la respuesta analgésica y es un aporte realmente significativo para comprender el estado de dolor de los bebés. Esto es sólo el comienzo de una nueva manera de entender el dolor infantil; un principio innovador para capturar la actividad cerebral como una medida del dolor.”