Vacas

El incremento de la intensificación de la producción ganadera para satisfacer las demandas de la población mundial, coincide con los aumentos tanto en la administración de antibióticos veterinarios, como en los insumos de estiércol a los suelos. Estas tendencias tienen el potencial de aumentar la resistencia a los antibióticos en las comunidades microbianas del suelo. De acuerdo con un nuevo estudio realizado en la Universidad Virginia Tech, los excrementos dopados no sólo representan riesgos biológicos en las granjas sino que también contribuyen al cambio climático.

Cuando se combinan las comunidades microbianas del suelo con las drogas y superbacterias agrícolas, pueden consumir hasta 5.8 veces la cantidad de carbono en el suelo, en comparación con la contraparte inalterada. Aunque el estudio no profundiza en la causa exacta del ciclo del carbono, los investigadores sugieren que el uso intensivo de antibióticos en las granjas, produce efectos moleculares que generan costosos esfuerzos metabólicos.

Los resultados son preocupantes dado que la producción ganadera mundial va en aumento. Se espera que el uso de antibióticos se incremente en 67 por ciento en las próximas dos décadas. En la actualidad, casi el 80 por ciento de los antibióticos que se venden en los EE.UU. están destinados para el uso de las granjas y los animales, los cuales excretan en cualquier lugar entre 40 a 95 por ciento los medicamentos que ingieren, junto con un flujo constante de gérmenes resistentes a los medicamentos.

Estos amenazantes microbios, pueden viajar a través de los afluentes fluviales y el viento, así como en la carne que se destina al consumo, configurando una amenaza de la salud pública y el funcionamiento de los ecosistemas.

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El equipo de científicos, encabezados por Michael Strickland, del Departamento de Ciencias Biológicas del Virginia Tech, llegó a esa conclusión después de estudiar muestras de suelo de 11 explotaciones lecheras en los Estados Unidos. Todas las vacas en las granjas estudiadas habían tomado cefapirina, un medicamento de la familia del antibiótico cefalosporina. Este fármaco protege a las vacas de infecciones bacterianas en sus ubres.

De cada granja, los investigadores tomaron muestras del suelo donde se reunían las vacas, que estaba lleno de estiércol. Para tener un punto de comparación, los investigadores tomaron muestras de suelos desprovistos de estiércol. A continuación, utilizaron secuenciación genética para identificar los microbios en cada muestra, así como los genes que hacen que los microbios sean resistentes a las cefalosporinas y otros antibióticos.

Como se esperaba, se encontraron diferencias profundamente marcadas entre las muestras en donde estaba presente el estiércol del ganado y las muestras libres de estiércol. El primero tenía bacterias que habitan en planos genéticos más resistente a las drogas, además se encontró un gen responsable de proveer a los microbios resistencia a las cefalosporinas, 421 por ciento más abundantes en las muestras de estiércol que el suelo de control. Los investigadores también encontraron genes de resistencia a los fármacos que las vacas ni siquiera estaban tomando.

Esta es una mala noticia para el medio ambiente, así como para nuestra salud. Los nuevos hallazgos, ponen de relieve que el estiércol de ganado tratado con antibióticos, tiene el potencial de alterar significativamente la composición de la comunidad microbiana del suelo, el ecosistema y los procesos que regulan estas comunidades.

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