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La leucemia linfoblástica aguda (LLA) es el cáncer más común en niños menores de 15 años de edad. Una pequeña proporción de casos puede explicarse por factores bien establecidos, tales como los síndromes de predisposición congénita al cáncer o la exposición a la radiación ionizante. Además, varias exposiciones ambientales se han asociado con un mayor riesgo de ALL, incluyendo, pesticidas, pintura, la contaminación del aire y particularmente el humo del tabaco.

En estudios anteriores ya se había establecido el vínculo entre la leucemia linfoblástica aguda (ALL) y tabaquismo de los padres, pero en un estudio realizado en la Universidad de San Francisco, determina que este vínculo genera cambios genéticos específicos en las células tumorales de los niños con cáncer.

ALL, que es uno de los tipos principales de leucemia en los niños, ocurre cuando los glóbulos blancos llamados linfocitos, desarrollan errores en su ADN, causando el crecimiento sin control que desplaza a las células sanas. Supresiones genéticas que se encuentran en todos los pacientes, acaban con las proteínas de control del ciclo celular y factores de transcripción críticos, necesarios para el desarrollo de células que juegan un papel clave en la respuesta inmune.

Aunque la tasa de supervivencia del ALL es alta: 90% para menores de 15 años y 75% entre 15 y 19 años, los efectos a largo plazo, incluyen un riesgo elevado de desarrollar cánceres secundarios que pueden ser graves y potencialmente mortales.

Los científicos analizaron 599 muestras de tumores de pacientes con ALL en búsqueda de cualquier alteración genética. Además, se aplicaron cuestionarios a los padres para averiguar si los hábitos de fumar afectaba el número de supresiones genéticas. Los datos fueron corroborados por un biomarcador en muestras de sangre de los recién nacidos en el gen AHRR que indica la exposición al tabaquismo materno durante el embarazo.

Los científicos descubrieron que aproximadamente dos tercios de las muestras de tumores (353) contenían al menos una supresión y que éstas eran mucho más comunes en los niños cuyas madres habían fumado durante el embarazo y después del nacimiento. Por cada cinco cigarrillos diarios durante el embarazo, hubo un aumento del 22% en el número de supresiones; y por cada cinco cigarrillos fumados diariamente durante la lactancia, hubo un aumento del 74% en el número de supresiones.

En los padres o madres que fumaban por lo menos cinco cigarrillos al día antes de la concepción, también se asoció un incremento del número de supresiones genéticas de entre 7 a 8%. Un hallazgo interesante fue la relación entre el tabaquismo antes de la concepción del padre y de la edad del niño al momento del diagnóstico.

Joseph Wiemels, PhD, profesor en el Departamento de Epidemiología y Bioestadística de la UCSF y autor principal del estudio señala: “Nuestro estudio indica que mientras mayor sea la exposición al tabaco, mayor es el daño acumulativo en el ADN y evidentemente en las células de la leucemia linfoblástica aguda (ALL)”.

Si bien las causas de la ALL son multifactoriales, incluyendo la composición genética innata del niño, patrones de infección, pesticidas y otras exposiciones ambientales, si no hay consumo de tabaco en el medio ambiente, entonces probablemente habría menos niños con la enfermedad.

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