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Las consecuencias neuropsicológicas de la exposición a la hipoxia hipobárica del medio ambiente siguen sin estar claros, por lo que un equipo de científicos realizó una investigación en un grupo de voluntarios sanos que caminaron hasta el campamento base del Monte Everest, ubicado a 5.300 metros sobre el nivel del mar. El resultado de este estudio demuestra el impacto neurocognitivo que puede producir la falta de oxígeno al cerebro, en personas que son sometidas a intervenciones quirúrgicas que implican el uso de anestesia general.

Es materia conocida que hasta una quinta parte de las personas expuestas a hipoxia o falta de oxígeno durante la ejecución de una cirugía, pueden desarrollar síntomas como sibilancias, confusión, presión arterial alta e incluso la insuficiencia cardíaca. Pero el estudio llevado a cabo en el Colegio Universitario de Londres, sugiere que la condición también puede tener un impacto significativo en la función cerebral, con efectos que pueden durar por lo menos 11 días después de la privación de oxígeno.

La investigación se centró en el estudio de 198 individuos que escalaron el Everest, un ambiente en donde hay sólo un tercio del oxígeno en comparación al nivel del mar. Los participantes recibieron una serie de pruebas neuropsicológicas que evaluaron la memoria, el lenguaje, la atención y la función ejecutiva.

Estas pruebas fueron realizadas en diferentes alturas: a nivel del mar en Londres, a 3.500 m en Nepal (Namche Bazar) y a 5.300 m en el campamento base del Everest. Las pruebas también se llevaron a cabo durante el retorno a 1.300 m en Katmandú. Para establecer puntos comparativos, los científicos también realizaron estas pruebas en un grupo de control.

Para estudiar los efectos de la hipoxia, la investigación se llevó a cabo en escaladores, ya que no sería ético realizar ensayos de laboratorio en los que se prive de oxígeno a individuos.

El estudio pudo evidenciar los efectos neurológicos producidos por la exposición a ambientes con bajos niveles de oxígeno; las tareas asociadas con el habla y el lenguaje, el aprendizaje, la planificación, el enfoque y la organización se vieron afectadas, presentando hasta un 20 % de detrimento en comparación con los resultados obtenidos en las pruebas que se realizaron en alturas donde no estaba comprometido el acceso al oxígeno. Los efectos todavía estaban presentes cuando los escaladores regresaron a Katmandú, 11 días más tarde.

Cuando se le preguntó si el mismo impacto podría ser visto después de efectuarse una cirugía que implique el uso de anestesia general, el líder del estudio, profesor Stanton Newman, Decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de la LCU, expresó: “Absolutamente. Lo que encontramos es que había una clara relación entre los niveles de la hipoxia y la función cerebral, lo cual no había sido establecido antes”.

Este estudio aporta una mayor comprensión de cómo se puede responder al deterioro cognitivo relacionado con la hipoxia en el ámbito clínico, especialmente en pacientes de edad avanzada, con el fin de minimizar la magnitud y duración de los efectos.