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Una vez que un óvulo de mamífero ha sido fertilizado por un espermatozoide, se divide varias veces para generar una pequeña masa de células madre embrionarias que eventualmente formarán el cuerpo del individuo. Este proceso se denomina blastocisto, y requiere de las células madres embrionarias (CME), las células madre trofoblasto extra-embrionarias (TSC), que formarán la placenta y las células madre de endodermo primitivo, que formarán el denominado saco vitelino, el cual asegura que los órganos del feto se desarrollen correctamente y proporciona nutrientes esenciales.

La comprensión de las primeras etapas del desarrollo embrionario es de interés porque este conocimiento puede ayudar a explicar por qué más del 70% de embarazos humanos fallan en esta etapa. Intentos anteriores para crear estructuras embrionarias utilizando sólo los CME han tenido un éxito limitado. Esto se debe a que el desarrollo embrionario temprano requiere que los diferentes tipos de células se coordinen entre sí.

En un trabajo realizado en la Universidad de Cambridge, utilizando una combinación de CME de ratón, genéticamente modificadas y TSC, junto con un andamio 3D conocido como matriz extracelular, un grupo de científicos logró crear una estructura capaz de coordinarse entre sí y cuyo desarrollo y arquitectura tiene una similitud extremadamente análoga con el embrión natural.

El avance ha sido descrito como una “obra maestra” en la bioingeniería, y eventualmente podría permitir a los científicos hacer crecer embriones humanos artificiales en el laboratorio, sin la necesidad de un espermatozoide o un huevo.

Contar con la capacidad de hacer crecer embriones podría ayudar a los investigadores a estudiar las primeras etapas de la vida humana y comprender por qué tantos embarazos fallan, pero es probable que sea controvertido y plantea cuestiones éticas sobre lo que constituye la vida humana.

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En la actualidad, los investigadores pueden llevar a cabo experimentos utilizando embriones sobrantes de tratamientos de fecundación in vitro; pero éstos no abundan. Sin embargo, con los resultados obtenidos de este estudio, se tiene la posibilidad de crear un número ilimitado de embriones artificiales en el laboratorio, y acelerar la investigación, mientras que potencialmente se reduce el impacto de algunos de los límites éticos.

Los embriones fueron creados usando células madre (CME) genéticamente modificadas, junto con células madre trofoblasto extra-embrionarias (TSC) que forman la placenta en un embarazo normal.

La profesora Magdalena Zernicka-Goetz del Departamento de Fisiología, Desarrollo y Neurociencia de la Universidad de Cambridge, quien dirigió la investigación, explicó:

Los primeros intentos de lograr crear estructuras embrionarias, utilizando sólo CME, fracasaron debido a que las células no se reunían en sus posiciones correctas. Sin embargo, descubrimos que cuando se añaden las segundas células madre de la placenta, se produjo la reacción esperada y se fundieron para formar una estructura embrionaria con dos grupos distintos de células en cada extremo, y una cavidad en el medio en la que el embrión continuaría su desarrollo.

Sin embargo este tipo de trabajo plantea importantes cuestiones éticas sobre la creación artificial de la vida en un laboratorio. Los críticos advierten que el “cultivo de embriones” abre la puerta al diseño de “bebés a la carta” y de seres humanos genéticamente modificados.

A pesar de la profundas implicaciones que se pueden derivar de este trabajo, el estudio fue bien recibido por la comunidad científica y lo calificó como un avance significativo de gran trascendencia.

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