La Mente puede ser manipulada

¿Qué es un recuerdo? ¿En realidad pueden ser borrados, implantados o alterados a propósito?, tales reflexiones han capturado la imaginación pública, inspirando historias cinematográficas de ficción en donde se manipula la memoria; pero la comunidad científica también encuentra en estas interrogantes un vasto campo de disertación.

Desde que la idea fue formalizada por primera vez a principios de 1900, los investigadores han luchado para capturar y dilucidar el patrón impreso en la memoria celular, denominado engrama. Los neurólogos teorizaron que la memoria dejaría tras de sí, alguna impresión física, un cambio estructural, eléctrico o bioquímico, por el cual las redes de neuronas podrían retener información durante horas, meses o años.

Los investigadores han recolectado fragmentos de este rompecabezas a lo largo de los años, identificando moléculas, genes y procesos celulares que son importantes para el aprendizaje y la memoria. Pero en la última década, los avances tecnológicos han permitido un acercamiento más holístico y de alto nivel al engrama.

Ahora, por primera vez, los científicos están comenzando a identificar, etiquetar e incluso controlar, las redes específicas de neuronas que ayudan a mantener los recuerdos. Tal trabajo está descubriendo nuevos conocimientos sobre dónde y cómo se almacenan los recuerdos y cómo podrían ser un día modificados en humanos para tratar trastornos como la demencia, el Alzheimer o las adicciones.

Desde su introducción, el concepto de engrama ha adquirido una serie de connotaciones que van desde lo psicológico hasta lo biológico. El científico alemán Richard Semon, que acuñó el término “engrama” en la primera década del siglo XX, teorizó que las experiencias y los estímulos externos crearon una forma de impresión de la memoria en el cerebro que más tarde, podría despertarse para recordar la memoria.

En las últimas décadas, sin embargo, los investigadores han logrado reducir la búsqueda del engrama y revelan que los recuerdos se distribuyen a través del cerebro; por ejemplo, el hipocampo desempeña un papel clave en la memoria espacial, la amígdala interviene en los recuerdos temerosos y el cerebelo es esencial para ciertos tipos de acondicionamiento pavloviano (estimulo-respuesta). Ahora, los investigadores se han centrado en redes específicas de neuronas que parecen tener recuerdos, o al menos componentes clave de los recuerdos.

Las modernas técnicas genéticas moleculares han permitido a los científicos comenzar a encontrar estas neuronas. Los investigadores ahora pueden activar genes manipulados dentro de células selectas, cuando están ligados a genes que son inducidos por actividad neuronal; esto permite a los investigadores identificar, controlar o alterar las neuronas implicadas en la memoria. Por ejemplo, con la optogenética, los científicos pueden usar luces para encender y apagar neuronas específicas, estimulando artificialmente e incluso distorsionando recuerdos en ratones y otros animales experimentales.

Otros estudios han empujado los límites de la manipulación de la memoria, mediante el aprovechamiento de una proteína de memoria clave llamada CREB (proteína de unión al elemento de respuesta a la adenosina monofosfato cíclica).

Manipular CREB y usar la optogenética para controlar los recuerdos en ratones es sólo el comienzo”, expresa Alcino Silva, un neurocientífico de la Universidad de California en Los Ángeles y agrega: “El concepto del engrama es una herramienta y es útil mientras siga mostrándonos propiedades nuevas e interesantes sobre la memoria“.

La investigación del engrama aún está lejos de desvelar nuevos tratamientos para las condiciones psiquiátricas humanas, y la mayoría de las técnicas experimentales, como la optogenética y la genética molecular, no pueden aplicarse fácilmente a las personas. Pero tales estudios en animales, demuestran la maleabilidad de la memoria y sugieren que en el futuro próximo se puede desarrollar nuevas estrategias terapéuticas.