Desde hace dos aproximadamente, las costas al sur de Nueva Zelanda se han visto abarrotadas de ballenas piloto o globicephala. A la fecha se cuentan más de 600 de las que solo un pequeño número de ellas sobreviven lo suficiente como para que oficiales puedan intervenir y devolverlas al mar.

Este terrible episodio para la fauna marina, comenzó el pasado 10 de Febrero cuando un número cercano a 400 ballenas fueron descubiertas encallando una isla sureña de Nueva Zelanda conocida como Farewell Spirit. El Departamento de Conservación de ese país rápidamente tomó acciones para salvar la mayor cantidad de ballenas posibles pero los reportes indican que 300 de ella fallecieron o tuvieron que ser sacrificadas debido a la gravedad de las heridas que presentaban.

De las 100 ballenas que los voluntarios de organizaciones como Project Jonah y oficiales del Departamento de Conservación de Nueva Zelanda lograron retornar al mar, sólo 20 de ellas volvió a encallar nuevamente. Al parecer las otras 80 se encuentran a salvo ya que los oficiales han colocado dispositivos de rastreo para monitorear su actividad.

El problema ahora, es que durante la noche de ayer una nueva oleada de ballenas, 200 para ser exactos, arribó a las cosas de Farewell Spirit. El Departamento de Conservación está pidiendo nuevamente voluntarios para poder retornar a las ballenas lo antes posible.

Si bien es común que un grupo de ballenas encallen en las costas de Nueva Zelanda cada año, es inusual que lo hagan a gran escala como está sucediendo en estos momentos. El último episodio similar del que se tiene registro data de hace 100 años, precisamente en la costa este de Nueva Zelanda.

Científicos que de momento desconocen las causas de este evento, adelantan que la población de ballenas piloto sufrirá un gran impacto.