Desde principios de los 80, la comunidad científica viene luchando y superando los retos que conlleva la investigación y tratamiento de la infección del VIH, causante del SIDA. Las características particulares del VIH, sin embargo, hacen que erradicarlo de nuestro sistema inmune por las vías convencionales sea algo que simplemente los médicos no han podido lograr con eficacia y consistencia. Hay casos reportados, y aquí hablamos de uno de ellos, en los que terapias poco ortodoxas y combinadas resultan, pero nada que pueda trascender para aplicarse a gran escala y salvar los millares de personas que hoy están padeciendo los estragos del SIDA.

Generalmente, cuando un microorganismo patógeno entra a nuestro cuerpo, las células blancas en nuestra sangre producen anticuerpos que marcan este agente como extraño. Luego, otras células se encargan de destruir los microorganismos marcados. El VIH en cambio, logra evadir la mayor parte estas defensas, pero una pequeña fracción de individuos desarrollan anticuerpos efectivos para bloquear la entrada del VIH-1 a las células donde intenta replicarse. Los investigadores creen que estos anticuerpos, podrían ser utilizados como tratamiento en otros pacientes.

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Hay que recordar, que el VIH ataca particularmente un tipo de células blancas que son críticas en el sistema inmune, pero durante su replicación, sufre una serie de leves mutaciones que son suficientes para que los anticuerpos que se habían formado en un primer contacto, no sean capaces de reconocerlo. Por otro lado, hay algunas partes del virus que no cambian del todo, y esto es importante porque son precisamente estas partes las que logran reconocer un tipo especial de anticuerpos presentes en los pacientes que tienen resistencia al VIH-1.

Bautizados con el nombre de anticuerpos monoclonales 10-1074, estos apuntan de manera específica hacia unas proteínas del VIH-1 conocida como glicano v2, v1 y especialmente v3, localizada en la cápside vírica. La potencia del anticuerpo es tal que logra neutralizar el virus reduciendo su viremia.

En experimentos con animales (macacos), las inyección de anticuerpos monoclonales 10-1074 a dosis bajas con anticuerpos, estas actuaron como vacunas que dotó de inmunidad a los sujetos estudiados. Las inyecciones demostraron también ser eficaces en infecciones activas, sobre todo cuando se les combinó con otros anticuerpos. Estos resultados, impulsaron a los científicos a pasar a la fase 1 de experimentación en seres humanos la cual sin duda ha dejado resultados prometedores.

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En principio se dividió en dos grupos a los participantes: 14 individuos no infectados y 19 individuos infectados con VIH-1. Los participantes recibieron una sola dosis de infusión intravenosa con los anticuerpos a diferentes dosis (3, 10 y 30 mg/kg). De los individuos infectados, 3 de ellos que estaban en terapias antirretrovirales conjuntas no exhibieron cambios algunos en los niveles de carga viral.

Otros 13 pacientes infectados con VIH-1 que tenían las cargas virales más elevadas, recibieron las dosis máxima en estudio (30mg/kg). De estos, 11 mostraron un rápido declive en la carga viral después del tratamiento. En las semanas subsecuentes, un repunte de variantes del virus aparecieron y estas ya no eran susceptibles al anticuerpo. No obstante, estas nuevas variantes aún siguen susceptibles a otros anticuerpos.

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En general, el estudio ha demostrado que la infusión con anticuerpos monoclonales es segura en seres humanos. Si bien el virus demostró resistencia, que está en su naturaleza, los investigadores hacen hincapié en que es posible desarrollar cócteles de anticuerpos que ataquen al virus del VIH desde múltiples frentes, dándole poco espacio para que este pueda evolucionar.

El estudio ha sido publicado en la revista Nature Medicine, 2016. DOI: 10.1038/nm.4268

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