Durante años, los expertos han debatido sobre cómo la ansiedad crónica conduce a problemas del corazón y accidentes cerebrovasculares; pero ahora los científicos han encontrado evidencia indicativa que las personas que tienen una actividad acentuada  en una parte del cerebro relacionada con el estrés, conocida como la amígdala, son más propensos a desarrollar estas complicaciones de salud, lo cual ofrece esperanzas de prevención.

La amígdala es responsable de indicarle a la médula ósea instrucciones para producir temporalmente más glóbulos blancos, los cuales combaten las infecciones. La amígdala prepara la respuesta del cuerpo ante una experiencia perjudicial y ha tenido un rol vital para la supervivencia en nuestro pasado evolutivo.

De acuerdo a las investigaciones, el estrés crónico incita la sobreproducción de células de glóbulos blancos, las cuales pueden formar plaquetas en las arterias y provocar alteraciones cardiovasculares, entre las más comunes cardiopatías y apoplejías.

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Los glóbulos blancos ayudan a combatir infecciones pero en exceso pueden ser mortales

El autor del estudio Profesor Ahmed Tawakol, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard y co-director del departamento de cardiología del Hospital General de Massachusetts, expresa: “Nuestros resultados proporcionan una visión única de cómo el estrés puede conducir a la enfermedad cardiovascular”.

Es bien sabido que factores como fumar, la hipertensión y la diabetes, incrementan el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares; sin embargo, los investigadores expresan que el estrés crónico social, ahora también debe ser considerado como un factor de riesgo.

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En este estudio, 293 pacientes recibieron exploraciones para registrar la actividad de su cerebro, médula ósea y bazo, además de monitorear la posible inflamación de las arterias. Se les dio seguimiento durante un promedio de 3,7 años para ver si desarrollaban la enfermedad cardiovascular. Durante este periodo, 22 pacientes tuvieron eventos cardiovasculares incluyendo infarto de miocardio, angina de pecho, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular y enfermedad arterial periférica.

Se pudo evidenciar que aquellos individuos que presentaron una mayor actividad en la amígdala, mostraron mayor riesgo de desarrollar alteraciones cardiovasculares, a diferencia de los que tenían una menor actividad en la amígdala. Los investigadores también pudieron observar una clara relación entre la actividad de la amígdala con la médula ósea y la inflamación de las arterias, lo cual indica ser causante del aumento del riesgo.

Durante los últimos años más y más personas experimentan a diario estrés psicosocial. Pesadas cargas de trabajo, inseguridad laboral o la precariedad económica, son circunstancias que pueden dar lugar a un aumento crónico de estrés, que a su vez puede conducir a trastornos psicológicos crónicos, tales como la depresión.

Estos datos clínicos establecen una conexión entre el estrés y las enfermedades cardiovasculares y lo cataloga como un verdadero factor de riesgo para estas alteraciones; en lo sucesivo, el estrés crónico debe ser considerado como un factor de riesgo notorio y evidente en las evaluaciones de riesgo de enfermedad cardiovascular.