Con mucha frecuencia tendemos a dirigirnos a los perros del mismo modo que lo hacemos a los bebés, expresándonos de una manera sentimental, compasiva y emotiva, muchas veces sin sentido y en un tono soso. Un estudio ha encontrado que los cachorros manifiestan emoción ante estas expresiones, mientras que los perros mayores muestran indiferencia. Con estos resultados se evidencia que los perros jóvenes responden a esa manera de hablar e incluso sugiere que favorece el aprendizaje de palabras tal como en los bebés humanos.

Para observar la reacción de los perros ante la voz humana, Nicolas Mathevon, profesor bioacústico de la Universidad Saint Etienne de Lyon, Francia y sus colegas, grabaron frases enunciadas por 30 mujeres, y que fueron grabadas mientras observaban la imagen de  perros, cachorros y adultos: “¡Hola!, ¡buen muchacho!, ¡ven aquí! ¿Quién es un buen chico?”, entre otras expresiones. Del mismo modo, otro grupo de mujeres grabaron las mismas frases, pero observando imágenes de niños.

Cuando los científicos compararon las grabaciones, encontraron que, tal como se esperaba, las mujeres que se dirigían a los perros, se expresaron en un distintivo, tono alto y sonsonete, a diferencia del tono expresado ante la imagen de seres humanos. Dice Mathevon “No importaba si la imagen mostrada era un cachorro o un perro adulto, siempre se expresaron en ese tono tan peculiar, incluso se acentuaba cuando la imagen mostrada era de un cachorro”.

A continuación, las grabaciones fueron reproducidas a un grupo de 10 cachorros y 10 perros adultos de un refugio de animales y sus reacciones fueron grabadas. Nueve de los cachorros mostraron una reacción enérgica, ladrando y corriendo hacia el altavoz, incluso en las frases dirigidas a perros adultos. Algunos de los cachorros adoptaron la posición de arco, una pose que pretende estimular las bufonadas, una típica invitación al juego. Del mismo modo se pudo observar el contraste mostrado por los cachorros al manifestar menor interés en las expresiones orientadas a las personas.

Los perros adultos mostraron un comportamiento muy diferente. No manifestaron interés en las grabaciones, sin importar que se tratasen de expresiones dirigidas a cachorros, perros adultos o humanos. “Apenas dieron una mirada al altavoz y luego lo ignoraron”. Los científicos no están seguros de las razones que provocan este desinterés, pero especulan que puede ser que necesiten interactuar con una persona real y no con la voz sin cuerpo de un altavoz; también puede ser que necesiten escuchar una voz familiar para despertar su interés.

El estudio muestra una tendencia clara en la reacción de los cachorros; sin embargo, aún no se puede afirmar si los cachorros tienen una respuesta innata al habla dirigida al perro o si se trata de un comportamiento aprendido. Se necesitarán más estudios para averiguar si las palabras en las expresiones dirigidas a los perros significan algo más para los cachorros, o si, como piensa el autor del estudio, les ayuda aprender nuevas palabras y eso implica una interacción intrínseca con humanos.