Desde que el ser humano comenzó a preocuparse por la vanidad, inicio también esa búsqueda incansable de la fórmula para la eterna juventud. En tiempos del imperio romano, persa, griego o egipcio la búsqueda de la eterna juventud se enfrascaba en rituales poco ortodoxos, y/o una fuente que emanaba el elixir que, luego zambullirse en él, otorgaba la inmortalidad. Hoy en día, en pleno siglo XXI esta búsqueda se ha reducido a los quirófanos y las distintas técnicas por las que los cirujanos plásticos retrasan el envejecimiento. Por otro lado, hay quienes piensan que la clave está a nivel genético.

En Estados Unidos, un grupo de científicos en el Instituto Salk de Estudios Biólogos en California han logrado retrasar el envejecimiento prematuro provocado por la enfermedad genética progeria, aumentando su esperanza de vida de una media entre las 18 a las 24 semanas. Lo increíble del hallazgo, es que los científicos aseguran que el método utilizado para retrasar el envejecimiento no se ha logrado tratando la enfermedad de base.

La progeria es un tipo de enfermedad genética en el que el núcleo de las células presentan una serie de alteraciones que impiden la reparación efectiva del ADN. Debido a las constantes replicaciones del ADN, este puede llegar a romperse y al no existir mecanismos que lo reparen, la célula llega a morir -todo esto a gran escala deriva en un envejecimiento temprano de los individuos que padecen progeria. En los humanos, las manifestaciones de envejecimiento son evidentes a los 2 años de edad y la expectativa de vida no sobrepasa los 13 años.

En el caso del experimento de los ratones con progeria, los científicos no trataron la enfermedad en sí, por el contrario alteraron el envejecimiento cambiando el epigenoma gracias a la reprogramación celular. El epigenoma es un conjunto de marcas químicas que se añaden al material genético y permiten su correcta actividad. Sin el epigenoma, la expresión genética es imposible. El epigenoma también, es muy influenciable por factores internos y externos. Tan es así, que los científicos afirman que “morimos con un genoma idéntico con el que nacemos; el epigenoma, en cambio, sí que varía“.

La reprogramación celular, por otro lado, permite desdiferenciar células adultas en células pluripotenciales con capacidad para convertirse en otros tipos celulares. Los científicos del Instituto Salk, han utilizado esta técnica in vivo  en los ratones para reprogramar células diferenciadas a un estado similar al de las células madre embrionarias. La técnica se utilizó de forma parcial y por periodos cortos de tiempo de inducción para evitar que el los ratones desarrollarán algún tipo de cáncer. Como resultado, observaron que los ratones mejoraron tanto la capacidad regenerativa del músculo tras un daño, como la del páncreas, lo cual indicó por supuesto, que el epigenoma había sido alterado.

Imagen que refleja que la inducción de reprogramación celular parcial mejoró la regeneración del músculo en ratones envejecidos. A la izquierda se muestra la reparación del músculo dañado en ratones envejecidos y a la derecha la regeneración mejorada en los ratones sometidos a reprogramación. Imagen cortesía del Instituto Salk de Estudios Biológicos.

¿Cual es el siguiente paso?

Los resultados del trabajo ofrecen una nueva visión sobre los procesos involucrados en el envejecimiento. A la vez, demuestra que los cambios epigenéticos, aunque de forma parcial, el envejecimiento. Más allá del elixir de la eterna juventud, representa un camino para retrasar el envejecimiento a raíz de enfermedades que alteran nuestra expectativa de vida.

Por supuesto estos resultados son alentadores e indican que se va por buen camino, pero no significa que ya es momento de experimentar en humanos. No hay garantías que el cuerpo humano vaya a reaccionar de manera similar, y que los procedimientos utilizados en roedores puedan ser implementados en nosotros. Sin embargo, a como indica responsable del experimento, Juan Carlos Izpisúa:

Este estudio muestra que el envejecimiento es un proceso muy dinámico y plástico, y por tanto será más susceptible a intervenciones terapéuticas de lo que pensábamos.