Desde que el hombre surca en el espacio se ha descubierto una realidad fascinante, nuestra fisiología cambia en varios aspectos. Ejemplos claros de ello, son las deficiencias de calcio que experimentan en la Estación Espacial Internacional, razón por la que todos tienen que realizar ejercicios de entrenamiento físico. No obstante, hasta hace poco había un problema que estaba pendiente por resolver, la visión borrosa que manifiestas los astronautas que permanecen mucho tiempo en el espacio.

Un estudio presentado en la reunión anual de la Sociedad Radiológica de los Estados Unidos, revela que la causa de la visión borrosa en astronautas con misiones de largo periodo se debe a una perdida de la convexidad del globo ocular así como a la inflamación de la porción distal del nervio óptico. A este síndrome se le ha llamado ‘Deficiencia Visual por Compresión Intracraneal‘ o ‘VIIP’ por sus siglas en ingles, y se estima que uno de cada tres astronautas lo padece.

Los científicos, han descrito en un principio que el origen del VIIP esta estrechamente relacionado a un acumuló de fluido vascular en la parte superior del cuerpo debido a la microgravedad del espacio a la que son sometidos los astronautas por largos periodos de tiempo. Pero estudios más recientes indican que también hay otra causa para el VIIP que propician cambios en el comportamiento del líquido cerebroespinal o cefalorraquídeo y su mecanismo para regular la presión intracraneal.

El líquido cefalorraquídeo, producido en los plexos coroideos de los ventrículos del cerebro, es una sustancia clara que se encarga de transportar nutrientes, recoger desechos, amortiguar la masa encefálica contra traumatismos y regular la presión intracraneal, entre otras funciones. Esta última función es de especial relevancia ya que se evita el desplazamiento de las estructuras del sistema nervioso central y su consecuente daño neurológico. En el espacio, el líquido cefalorraquídeo no puede ajustar las presiones hidrostáticas debido a la falta de una postura que determine la orientación; al final el sistema termina confundido.

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El Dr. Noam Alperin, líder de la investigación, realizó además una serie de resonancias magnéticas a los astronautas afectados y a los que no manifestaron cambios, los resultados fueron bien puntuales. En comparación a los astronautas cuyas misiones fueron cortas, los astronautas con misiones prolongadas tenían una perdida significativa de la convexidad posterior del globo ocular (volviéndose plano) así como un incremento en la profusión del nervio óptico. A esto se le suma que los astronautas que duraron más tiempo en el espacio también tenían un volumen mayor de liquido cefalorraquídeo.

En la medida que el ojo se aplana en la porción posterior, los astronautas pueden desarrollar miopía o hipermetropía e incluso daño irreversible si los cambios no se identifican a tiempo.

Todos los hallazgos son de especial importancia aunque todavía falta por dilucidar si hay o no afección a nivel de la masa encefálica y cuales podrían ser las medidas a tomar. Esto último será una de las prioridades de los científicos de la NASA para evitar que los astronautas sigan exponiéndose a estos cambios.

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