A pesar de las décadas de investigación, los científicos aún no terminan por descubrir la causa que deriva en el desarrollo de la enfermedad de Parkinson. Si bien, hay suficiente evidencia para vincularla con factores genéticos y ambientales, un nuevo estudio sugiere que un tipo de bacteria del tracto digestivo puede jugar un papel importante en el desarrollo temprano de la enfermedad.

El estudio publicado en la revista Cell, describe los resultado de experimentos en animales que sugieren que un determinado grupo de bacterias presentes en el tracto digestivo, son responsables de detonar la aparición de los síntomas de la enfermedad de Parkinson en personas susceptibles a desarrollar la enfermedad. Así mismo, la presencia de estas bacterias podrían implicar el desarrollo mismo de la enfermedad en sujetos sanos.

Los investigadores utilizaron ratones de laboratorio genéticamente progamados para para sufrir la enfermedad de Parkinson. Estos ratones producen altos niveles de alfa-sinucleína, una proteína implicada en los daños característicos de la enfermedad de Parkinson. Al final del experimento, encontraron que solo los ratones con grandes concentraciones de estas bacterias en el tracto digestivo desarrollaron los síntomas de la enfermedad. Por el contrario, los ratones que no tenían las bacterias no desarrollaron los síntomas de la enfermedad de Parkinson.

Los investigadores también observaron que al transportar las bacterias del tracto digestivo de personas que padecen de Parkinson a ratones, derivó en la aparición de un cuadro de síntomas más florido que cuando se les implanto bacterias de personas sanas. Para los científicos este fue un momento de gritar “Eureka”, y es que ambos ratones era genéticamente idénticos, la única diferencia era presencia o no de microbiota en el tracto digestivo.

Por supuesto, no hay que apresurarnos a barrer con la flora bacteriana. De momento falta que los estudios pasen hacerse en seres humanos, identificar específicamente cuales son las bacterias implicadas y determinar el tipo de tratamiento que ataque las mismas. El hallazgo es sin duda relevante desde muchos aspectos, y sobre todo una muestra más de como nuestra flora bacteriana impacta en nuestro desarrollo, aunque en esta ocasión para mal.