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Es de conocimiento de todos que el cambio climático y la contaminación atmosférica dejaron de ser los enemigos latentes del siglo pasado. Documentales como el de Leonardo DiCaprio, los fenómenos de sequías extremas en Bolivia, o los elevados registros de IMECA (Índice Metropolitano de la Calidad del Aire) evidencia claramente que no hemos hecho suficiente para frenar la contaminación.

Ahora mismo, la OMS reporta hasta “3 millones de muertes al año en todo el mundo relacionadas con la exposición a la contaminación atmosférica”, esto sin contar con las relacionadas a desastres naturales y fenómenos producto del cambio climático. El papel de los Gobiernos en regular las emisiones de contaminantes es sin duda uno de los más, aunque son muy pocos los a día de hoy están tomando participación.

No obstante, un rayo de esperanza parece llegar a las principales ciudades. Las alcaldías de México DF, Madrid, París y Atenas han acordado en la Cumbre de Alcaldes 2016, C40, que para el 2025 estará prohibida la circulación de vehículos con motor diésel. Esta acción sin precedentes puede convertirse en el ejemplo y el impulso que otras grandes metrópolis necesitan para tomar acciones radicales.

Anne Hidalgo, alcaldesa de París, ha descrito su posición de la siguiente forma:

No seguiremos tolerando la contaminación atmosférica y los problemas de salud y las muertes que provoca en nuestros ciudadanos, especialmente en los más vulnerables. Los grandes problemas requieren grandes acciones, por eso pedimos a los fabricantes de automóviles y autobuses que se unan a nosotros.

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Los automóviles con motor diésel producen más gases perjudiciales para la salud que los vehículos de gasolina. De hecho, estudios han demostrado que las emisiones de NOx (o óxidos y dióxidos de nitrógeno) en estos motores diésel son hasta 4 veces más que las producidas por motores de gasolina. Los NOx tienen particular importancia en la salud de las personas ya que estos gases se asocian con la exacerbación de enfermedades pulmonares como Bronquitis Crónica, Asma, y otras enfermedades inflamatorias del pulmón.

Por otro lado, las emisiones de CO2 producidas por los motores diésel, aunque menores que las producidas por motores de gasolina, siguen siendo perjudiciales para el medio ambiente en grandes cantidades. Este gas es conocido por ser uno de los principales responsables del efecto invernadero y que deriva en un aumento del calentamiento global.

Así pues, la iniciativa propuesta es un pequeño paso a una solución que requiere de medidas drásticas. Nueve años pueden ser mucho tiempo para aplicar estas medidas, sin embargo este periodo de ventana podría ayudar a la aceleración de la implementación de tecnologías alternativas y limpias al uso de diésel en automóviles.